En 1909, el zar Nicolás II, emperador de Rusia, encargó a Carl Fabergé un huevo de Pascua finamente decorado. La obra de arte resultante contenía una sofisticada sorpresa en su interior: un juego mecánico finamente elaborado.Equipados con coloridas joyas, los hipnotizantes patrones del juego resultaron tan adictivos que Nicolás ordenó la destrucción del huevo.Hasta el día de hoy, el huevo Fabergé nunca ha sido encontrado de nuevo. Pero, casi un siglo después, los planos originales aparecieron misteriosamente en una tienda de antigüedades en el distrito de Rastro de Madrid y llegaron a manos de un desarrollador de software, quien hizo una fiel reproducción digital, restaurando el viejo juego a su antigua gloria.El objetivo del juego es controlar y colocar los bloques que caen de manera que aparezcan combinaciones horizontales o diagonales de al menos tres bloques del mismo color.Una vez que se forma una combinación, desaparecerá y cualquier bloque que esté encima colapsará.La secuencia se repite mientras se formen nuevas combinaciones. Una secuencia de tres colapsos consecutivos se llama Trojka.